
Ayer tuve la oportunidad de asistir a una de las concentraciones colectivas que están teniendo lugar en estos días en España. Me pedí a mi misma y me permití vivirlo con toda su intensidad, desde dentro, despierta, experimentando y percibiendo. Había momentos en los que vivía la experiencia externa y momentos en los que me permitía ir más allá. Era en esos momentos cuando experimenté esa energía tan poderosa, supongo que es la energía creada por la euforia, la esperanza, la alegría de tantas personas juntas. Solo se que es maravillosa, fuerte, intensa y altamente contagiosa. Me encantaba experimentarla, me sentía llena de ella, era muy positiva, de muy alta vibración.
No es una energía de odio, en contra de un sistema, gobierno, o algo así (aunque en la experiencia externa lo sea), por el contrario yo percibí una energía de esperanza, de ilusión, una energía que me elevaba. La sentí difícil de manejar, en el sentido de que no sabes como exteriorizarla, ¿reír, llorar, gritar? Talvez difícil para mí porque es nueva.
Siempre he sido una esponjita absorbe-energías de toda clase, así que se quedó conmigo toda la noche y no pude dormir. Así que tuve tiempo de reflexionar y darme cuenta de la cocreación humana que está teniendo lugar, estamos cambiando la experiencia humana, estamos pasando del “siempre hay alguien que dirige mi vida” al “yo soy el creador de mi experiencia y tengo el poder de cambiar las cosas” y si a nivel interno esto se traduce en una toma de conciencia de quien realmente soy y de que soy el creador de mi experiencia humana, a nivel externo también tiene salida esta energía con la toma de conciencia de que podemos cambiar las cosas de nuestro mundo y que ya no dependemos de las decisiones de otros.
La diferencia es que si hasta ahora esto sucedía de forma individual, ahora es colectivo. Es como una nube contagiosa, y tengo la impresión de que va a correr como la pólvora.
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