Todo lo que hablamos o pensamos se imprime en el subconsciente, de tal manera que nuestras palabras precipitan el curso de los acontecimientos. Es posible que nuestro subconsciente tenga ya grabadas impresiones que nos condicionen y que provoquen que en nuestra vida no se manifieste todo lo que realmente deseamos.
Pronuncie en voz alta, con fuerza y convicción, estas palabras:
«Yo quiebro y demuelo (por mis palabras) todo lo que, dentro de mi subconsciente, es falso. Todo eso regresará a la nada, pues todos los pensamientos vanos salieron de mi imaginación. Ahora, grabo los nuevos discos por el poder de Cristo que hay en mí, que es la salud, la riqueza, el amor y la expresión perfecta de mi Ser, Ahí está la cuadratura de mi vida, el juego completo.»
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